Desmotivados en el Laberinto
La cuadratura del círculo o deshacer el nudo gordiano, el caso es que no hay caso. No hay caso porque no hacemos caso, al asunto o caso que tanto decimos que nos ocupa y preocupa.
Algunos no más sagaces pero si prácticos hacen sus cuentas. Si sumamos todas las facturas de los cursos de motivación, las del algunas comidas de empleados y el valor de todas las horas dedicadas a hablar del caso, lo dividimos por el número de empleados y lo repartimos, ¡eso si que va a ser motivador!
Otros, más estáticos (de “paraos”, no de éxtasis), aún sin dejar de hablar de ello, ya han tirado mil veces la toalla. De ellos, una parte quizá amplia, la han tirado una sola vez para nunca más cogerla. Asumen la desmotivación como un coste fijo y plurianual, una parte del presupuesto.
También están los que todo lo saben pero no saben hacer nada, los que teorizan desde la ignorancia para después ignorar la realidad de cada día. Estos tienen su pequeño abanico de discursitos para el caso, con dos o tres frases hechas.
Pocos, pero también están los amigos de las modas, los que leen de último en último libro de “management”, más ratones de aeropuerto que de librería. Son entusiastas y dinámicos, ávidos de información y sobre todo recetas, prácticos hasta donde puede ser un libro escrito a miles de kilómetros, de una empresa que no tiene nada que ver con la suya y en un contexto cultural radicalmente diferente. Ni se rinden ni ganan, pero los “suyos” valoran cuando menos el esfuerzo realizado, y siempre quedará algo.
Los amigos del maquillaje son expertos en operaciones y planes cargados de auténtico marketing pseudosocial. Su efectividad está cerca del impacto del anuncio y de la sorpresa de un regalo, y así es de efímera. Son lanzadores y promotores, no seguidores y mantenedores.
Habrá otros muchos perfiles, pero de todos ellos quiero destacar uno, para mí, realmente importante. El de los constructores, el de los diseñadores de organizaciones motivadoras, el de aquellos que desde los datos y el análisis y con visión de largo plazo, construyen en nuestras empresas pequeñas sociedades satisfechas de forma integral, estableciendo un status quo de equilibrio razonable entre la oferta y la demanda, adaptando de manera continua ese equilibrio tan inestable como perfecto.
Una obviedad. Hay tantos factores de motivación como de desmotivación, y la mayoría de ellos nos afecta a la mayoría de las personas. Así de complejo. En el mismo sentido, hay factores estructurales y factores personales, tan desmotivador es un sueldo poco competitivo y bajo como un mal “jefe”, la única diferencia es que del sueldo no nos acordamos cada día y al jefe lo vemos, en la mayor parte de los casos, con demasiada frecuencia, la necesaria para mantener la desmotivación.
Entre los estructurales figuran entre otros muchos, factores como: la inadecuación entre la persona y el puesto, el salario, los beneficios sociales, mala imagen de empresa, espacios de trabajo mal pensados, horarios “antipersonales”, cargas de trabajo excesivas o excesivamente irregulares, o falta de formación para el puesto.
Entre los personales podemos encontrar: jefes incapaces de dirigir, jefes que muestran preferencias explícitas por algún o algunos empleados, falta de información para realizar el trabajo diario, jefes cambiantes, los que no escuchan, los que nos tiran a la piscina, los que no muestran interés por nuestras necesidades, los que no apoyan, los que no reconocen el trabajo bien hecho, los que solo se acuerdan de nosotros para las “broncas”, y un largo etcétera.
Ahí va una opinión. Creo honestamente, y después, eso sí, de unos cuantos años de experiencia, que los factores personales son más relevantes, significativos y más fáciles de trabajar. Del mismo modo, no podemos abordar un solo tipo de factores, ni pensar que las soluciones son eternas. En este caso todo es más complejo.
Si no hacemos nada, no pasará nada, eso seguro. O aún peor, la desmotivación se podrá convertir en creciente y crónica.
La desmotivación es como Hacienda, es cosa de todos.
Una buena noticia para terminar, la motivación es muy agradecida sobre todo al principio, cuando pequeñas cosas producen grandes resultados, como las sombras de los pequeños animales.
Por favor, hagan caso, se trata de un caso importante. En ningún caso, reflexionen sobre ello, podremos decir que no hay caso. Haganme caso por favor.
Y como suelo apostillar…
REX NON VERBA.


