Subiendo al Bentayga

La hora era poco apropiada y el calor derretía hasta las piedras en el mismo lugar donde Mújica y sus doscientos ballesteros vizcaínos cayeron ante los indomables canarios del siglo XV.
El imponente roque alberga en sus laderas cuevas, lugares sacros y monumentos funerarios que ilustran el modo de vida de los antiguos habitantes de las Afortunadas.

Desde el Bentayga la vista es imponente, al este el Roque Nublo, al oeste el Teide y a sus pies el valle de Tejeda.
Por encima de los mil cuatrocientos metros, en este lugar tan impresionante y rodeado de luz y silencio, uno se siente más cerca del cielo.


