Sic mundum transit: gestionar el tiempo
Hay ocasiones, sin duda las hay.
Y millones de excusas.
Pero proverbialmente, el tiempo siempre escasea. Buena excusa para ser tratadocomo objeto deeconomía.
Y un día tras otro, en la rutina del “no hay tiempo” nos perdemos tanto como Alicia en la madriguera infinita.
Hace poco hice un experimento pequeño y casero, casi con gaseosa. Como buen aficionado y mal científico, empecé por mi mismo. Fue un experimento en dos partes. La primera contar el número de veces que al día decía o escribía, “no tengo tiempo”, la segunda, retarme a no pronunciar la susodicha frese durante días completos.
Sin duda el poder de las palabras es mágico. Gracias Sr. Carroll, o Dogson, como prefiera.
Durante la primera fase, constaté, empíricamente, como y según el día, podía repetir al “frasecita” entre ocho y diez veces.
Durante la segunda, mucho más dura, me di cuenta de lo difícil que es evitar los comodines, precisamente por eso, porque son “muy cómodos”. Eso si, este tipo de ejercicios desarrolla enormemente la creatividad, para la excusas, claro.
Pero ahí no quedó la cosa. Decidido como estaba a investigar, me propuse ampliar la muestra. Elegí pues algunas personas que de forma anónima pudiesen participar, eso si, a diferencia de la primera ocasión, desde el total desconocimiento de ser parte de mi estudio. El número total de participantes ascendió a la cifra de tres.
Los datos son los que siguen: media diaria, 14 veces. Número máximo alcanzado por uno de los participantes, veinte veces (yo también provoque un poco). Número mínimo alcanzado por uno de los participantes, tres veces (se me resistió hasta la saciedad).
Tras este breve resumen cuantitativo, el cualitativo es este:
La frase se dice más por la mañana que por la tarde
Se dice más que se escribe
Los participantes tiene preferencia por su uso cuando se encuentran a solas conmigo, rara vez delante de otros.
Los jueves y los viernes son los días donde hay más afición a recitar la letanía.
Las conclusiones finales podrían ser tan sencillas como poco cimentadas, y tan archiconocidas, como poco prácticas.
Por eso me quedaré con la siguiente:
“Si usted quiere obtener una respuesta positiva de un individuo respecto a una demanda de tiempo siga las siguientes reglas:
Hágalo de lunes a miércoles
Hágalo delante de otros
Hágalo por escrito
Hágalo por la tarde”
Dicho de otro modo, olvídese de conseguir algo en una conversación de tú a tú, el viernes por la mañana.
Y ante todo, mucha suerte. Y, a tiempo, claro.


