Cuento dominical: bailando bajo las nubes
O praeclaum custode ovium,… lupum
Tan nublado parece el día y sus nubes tan estáticas, que más que un día de la vida parece una fotografía, una toma, una instantánea, una imagen inerte de un viejo periódico.
Desde el amanecer casi, llevo mirando una nube intentando descifrar su forma y significado, y cuando ya casi había cejado en el empeño, miré las de su alrededor, una por una, y vi, que por si solas no eran nada, pero que juntas formaban una sombra en el cielo de una batalla en la tierra, la imagen de un desastre, un triste lienzo de gotas de agua. Eran un Gernika más que nunca aéreo, más que nunca gris, desdibujado y borroso.
La única manera de hacer desaparecer todo aquello sería la lluvia, una de esas lluvias finas que poco a poco cambian nuestra vista empapándolo lentamente todo. Oí a los lobos del otro lado del mar como algunos hombres invocaban a la lluvia, y pensé en lo bueno que sería tenerlos en el bosque un día como hoy.
Parece que esta semana será de agua, bienvenida. Desde hace algunas, las laderas son verdes, de un verde fuerte, intenso. Bonito contraste el del gris con el verde, es como el de la vida con la muerte, como el de la luz con la sombra.
Muchas veces veo lobos entre las nubes, a veces imágenes de amigos y familiares que están lejos o que ya no están. Miro como me miran con paciencia y dulzura, veo como contemplan mis andanzas por estos bosques, siento como cuidan con amor, aventuras y desventuras de un lugar tan ajeno y lejano. Oigo sus sonrisas y noto sus lágrimas a cada paso de tanta tribulación, de tanto ajetreo y de tanta lucha.
Es difícil la vida en cualquier bosque, más en este mi bosque, donde todo es tan salvaje como lo humano y lo inhumano. Los años, que tiñen mi piel de gris nube nunca son suficientes para dominar la vida, la vida nunca es suficiente para dominar el bosque y el bosque es lo suficientemente grande para dominarlo todo.
Variatio delectat
Variatio delectat
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