El Navegador
Leo hoy en un diario nacional: el Navegador para el automóvil es uno de los regalos preferidos para estas Navidades. Como ocurre con el móvil o Internet, hemos pasado de la inexistencia a la “necesidad” en un abrir y cerrar de ojos. Si no fueran estos los tiempos que corren, esto sería una sorpresa.
Seamos realistas, yo también tengo uno. Me lo han regalado en mi empresa, pero sí, lo tengo. No lo pedí, pero estoy deseando echarle mano y que me hable y me dirija por esos lugares por donde hasta hoy he ido sin instrucciones. Pero claro, me habla, me indica, me corrige, me permite hablar con otros sin que me multen, me dice donde están las gasolineras o los cines.
Cuando estaba en el colegio y por lo tanto era pequeño, varias personas, siempre me parecieron muchas, me decían lo que tenía que hacer y hasta como y cuando. Después como todos me hice mayor y todo eso cambió. O por lo menos ya casi nadie me dice en el colegio/trabajo lo que tengo que hacer o dejar de hacer, o como aprender o como mejorar.
A veces incluso he llegado a pensar que más de un@ piensan que ya lo sabemos todos. Debe ser eso. Pero, hay que ver la cantidad de veces que me equivoco y las pocas veces que veo eso reflejado en una sugerencia, idea de mejora o en un simple “date cuenta de eso y aquello”.
Tampoco me puedo quejar, he tenido suerte. He tenido grandes ayudas. La siempre presente de mi padre y su descomunal sentido común, comprensión humana, delicadeza y conocimiento del mundo empresarial. La de uno de mis primeros socios al inicio de mi andadura empresarial, con Javier Cantera y su olfato para el “negocio” y su don de la ubicuidad. La de Jose María García de Tomás, mi jefe en Hay, inestimable apoyo en el día a día, torero de reses bravas y estratega de las personas. Posteriormente y hasta hoy, Juan Carlos Cubeiro, base humana de datos, motivador, comprendedor de la vida y sus circunstancias, entrañable y empresarialmente empresario. Además de ellos ha habido más. No me pude quejar, ni puedo.
Ellos han sido mis “navegadores”. Han estado siempre mientras conducía. Desde el principio y hasta ahora. Han sido mis impulsores al principio, mis maduradores siempre, mi espejo aunque a veces no lo quisiera ver, mis cimientos cuando no los tenía, mis pulidores, mis mejores y peores críticos. Por si lo hubiese dicho pocas veces, gracias a todos.
Siempre he creído que todos necesitamos un navegador.


