Dirigir personas: de Grecia a Inglaterra
¿Arte o ciencia? Ciencia y arte, dirigir es algo tan complejo, cambiante y dinámico que nadie ni con cien vidas podría llegar a dominar. Y pudiendo ser desmotivador es, para el que lo busca un reto de corredor de fondo, un gran premio y una lucha continua.
Dirigir personas es, parafraseando a Winston Churchill, luchar contra un viento que eleva más y más nuestra cometa. Eludir, esta responsabilidad, tratar de ir siempre con el viento a nuestro favor, tiene el efecto inverso que en la navegación. Lo que al barco lleva a buen puerto, precipita a la cometa hacia el suelo.
Afrontar situaciones y agarrar al toro por los cuernos, es un segundo paso necesario. El primero, como bien sabemos, es la reflexión y actuar siempre con pensamiento estratégico. Agradar siempre es imposible y erróneo, castigar siempre incomprensible. Felicitar y recompensar siempre a los mismos, infravalorar y reconvenir siempre a los mismos, es la misma estupidez.
Tanto el que ha sido bien dirigido como el que no, aportan interesantes ideas sobre lo que se debería y no debería hacer, y ambas cosas frecuentemente olvidan cuando asumen la dirección de un equipo. ¡Qué lástima!
Algunos viendo la dificultad optan por simular lo que no son y así actúan como “el jefe”, “el padre”, “el amigo”, “el compañero” o “el confesor”. No cabe duda que actuar es para los actores y que para los que no lo somos, es un gran esfuerzo. Ellos además de profesionales lo hacen a lo sumo en un par de funciones al día, ¿cómo es que otros se plantean hacerlo durante más de ocho horas al día, durante años?
Dirigir es de sabios y la mayoría no lo somos, dicen que en toda la antigua Grecia había siete; Cleóbulo con su, “la moderación es lo mejor”, Pitaco con su, “debes saber escoger la oportunidad” o Periandro con su, “debes ser previsor en todas las cosas”. Por eso, nosotros, lo más que podemos hacer es esforzarnos con tesón en seguir una vía a veces difícil pero de la que conocemos muchas estaciones.
De estas estaciones son las más necesarias las de la Integridad, la Humildad o el Respeto a los demás. Son otras más lejanas, a veces la dificultad es la distancia, pero igualmente importantes la de la Comprensión de los demás, la Flexibilidad o el Desarrollo de los otros.
Poniendo la cometa contra el viento y la vela a su favor, agarrando al toro por los cuernos y aprendiendo a dirigirnos antes de dirigir a otros, empezamos bien esta aventura, en la cual deberemos tener en cuenta las palabras de Chesterton: “la aventura pueda ser loca, pero no el aventurero”. O como un día oí decir a Luis Galindo Olivera, director del Master de Recursos Humanos de la Universidad de Alicante, excelente persona, excelente profesional y creo que amigo, la clave de la dirección está en “exigirse a uno mismo más que a los demás, exigir mucho a los demás y dar mucho más”.
Y finalizando también con Chesterton: “los ángeles pueden volar porque se toman a si mismos a la ligera”.


