Cuento nocturno: un viejo lobo
Poco a poco el sol se guarda de la tarde y las montañas se hacen negras, grises, azules y negras de nuevo. Al mismo ritmo todos los ruidos, poco a poco, desaparecen con la luz.
Ahora durante el estío, al contrario que en el invierno, se agradece la noche, no es fría, es fresca y revitalizante, la mañana y la tarde son momentos álgidos de actividad.
Hoy he estado todo el día de un lado para otro, he recorrido quizá dos decenas de kilómetros, a veces corriendo y a veces caminando. Si corro voy a algún sitio, si camino es que voy pensando. Razonablemente primero debería caminar y luego correr, pero muchos días como el de hoy, lo hago al revés. Pensar y luego ir, reflexionar y luego hacer.
Apenas amaneció apresé una gallina y con ella desayuné, el resto del día fue de ayuno, al atardecer una frugal colación me fue suficiente. Cuando estoy pensando, no sólo camino despacio, también como poco, incluso olvido comer.
Por la mañana una manada de lobos del sur me siguieron durante un par de horas o más, parecían hambrientos, pero no agresivos ni apremiados. Creo que pensaban que les enseñaría algún lugar donde cazar, donde saciarse. Y así lo hice, se lo mostré y cacé para ellos pero no comí. Una vez hube cazado, llevé la pieza hasta sus pies y seguí mi camino.
Por la tarde, algo cansado ya de caminar y pensar, fui más al sur todavía y allí me encontré con un viejo lobo, no muy viejo pero si muy lobo, muy sabio, con mucha vida. Hace más de una año que lo vi por primera vez. Me llamó la atención su mirada inteligente y tierna, sus movimientos rápidos y precisos, su amabilidad.
Desde que nos conocimos, más él a mí que yo a él, hemos pensado juntos sin apenas vernos, y viéndonos hemos compartido nuestros pensamientos. Me ha visto cansado sin yo quererlo.
Sonreía y me hizo sonreir, hablaba y me hizo hablar.
Él me ofreció su bosque con alegría y humildad. Su bosque es muy grande y lleno de animales. El quiere que cacemos juntos, quiere que sea también mi bosque.
Ahora ya con la noche encima, sigo caminando. Imagino su bosque y me imagino en él.
Sonrío y casi me paro. Sonrío y sigo caminando.
Ondo ibili



lochness dijo
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B
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5 Agosto 2006 | 05:24 PM