“Por buena que sea la cuna, mejor es la buena crianza”.
Proverbio escocés

Puede parecer anacrónico y sin embargo es un tema de plena actualidad, también en 2006. Curioso o tautológico el protocolo y las buenas maneras son y han sido asuntos de máxima importancia en los dos últimos milenios y quizá aún más.
Tan pronto el ser humano superó la exclusividad en el empleo de su tiempo a la supervivencia y comenzó a disponer de “vida social”, básica o no, comenzó el protocolo.

Algunos tratadistas piensan que incluso antes, pues en la propia caza, creencias y hábitos básicos de vida, surgieron los albores del protocolo o más bien de los protocolos.

No es hasta bien entrada la modernidad cuando surge propiamente dicho el protocolo, como un elemento razonablemente homogeneizador, consensuado y de común aceptación en muchos usos y costumbres tanto de la nobleza aún imperante, como de otras clases sociales dotadas de una capacidad económica media.

Más allá del propio protocolo el desarrollo de la sociedad convino en la difusión selectiva de términos como elegancia o buenos modales.
Uno de nuestros sabios Don José Ortega y Gasset dijo de la elegancia que era “una faceta esencial de la especie humana, como la verdad, la belleza y la justicia”, como tal e inherente al género humano, hablamos de elegancia o de buenos modales desde hace siglos, en todos los continentes y en todos los idiomas.

En el siglo XXI, siglo por excelencia de la tecnología, la utilidad, la sencillez y la globalidad, protocolo, elegancia y buenos modales, son y serán, podemos predecirlo, temas de actualidad, de plena actualidad.

Y es que esta terna de conceptos, son de extrema coherencia y pertinencia en el contexto actual, tanto social como empresarial.

El protocolo ha sido traducido a la tecnología, al tiempo que la tecnología requiere de protocolos y de protocolo. Para muestra valga el botón de las innumerables referencias al protocolo de comunicación vía e-mail o a través de los mensajes cortos, los populares sms.

El protocolo es un conocimiento, antes y ahora, de la máxima utilidad. Conocido es por todos que la costumbre y la norma, legislada o no, provee de eficiencia a quien la conoce y la usa, incluso en el no extraño caso de conocerla para saltarla. Mediante actos sencillos y alineados con el protocolo y los buenos modales nos ubicamos social y profesionalmente, transmitiendo un conocimiento social y un saber estar que de forma automática nos integra y facilita la relación en cualquier contexto.

La ventaja del protocolo por antonomasia que es la sencillez, es uno de los atributos que más han parametrizado su desarrollo actual. Las antiguas normas protocolarias cargadas de barroquismo e inutilidad han perecido en el transcurso de los años y sobre todo desde la entrada de la segunda mitad del siglo XX. Si de algo puede alardear el moderno protocolo es de sencillez, en muchos casos de minimalismo y en todos, de cumplir aquella máxima artística de “lo menos es más”.

El protocolo que en sus inicios fue algo regional, para después convertirse en nacional y posteriormente algo fundamentalmente europeo, es hoy en día un bien y un activo mundial o global como prefiramos decirlo. Su extensión geográfica permite que la parte troncal del mismo sea una base muy y amplia y comúnmente aceptada en todo el mundo.

Granada,durante el invierno de 2006

“Los viaje sirven para conocer la costumbres de los distintos pueblos y para despojarse del prejuicio de que sólo en la propia patria se puede vivir del modo a que uno está acostumbrado”.
René Descartes