Las Siete Ruedas de los Directivos

Piensan algunos y de algunos piensan, que no son personas, o como otros dirían, “personas humanas”. Sin embargo pienso que no hay nada más extraordinariamente humano que empeñar la mayor parte de tus horas de trabajo en dirigir y desarrollar otras personas con las que además formas una unidad sólida y cargada de energía cinética y potencial que llamamos equipo.
Hasta aquellos que parece dejaron el corazón y las emociones en casa o en la puerta de la oficina, incluso ellos, sienten, se alegran, sufren, viven cada día desde la razón y el corazón en cada segundo. Y son sus peores momentos los que empeñan en disociar razón y corazón, persona y profesional, jefe y colaborador, al final casi todo es uno e inseparable.
Realmente disfrutamos cuando mezclamos, emociones, sentimientos, pensamientos con reflexiones, raciocinios y lógicas. Es extremadamente difícil abstraerse de la esencia humana que de forma continua nos impele al bien es una tendencia (del latín tendere, ir hacia) valga la redundancia, hacia la que todos tendemos, todos.
Hace aproximadamente una década se acuño y divulgó la expresión, la soledad del directivo, y en ella strictu senso, estoy razonablemente de acuerdo, en la experiencia de otros y en la mía propia he visto como uno se puede aislar y hacerse un “zulo” entre el equipo y su propio jefe, y como a mayor “zulo” peor directivo y menor equipo.
En muchas ocasiones he utilizado una historia de un carro con ruedas cuadradas como metáfora para explicar las muchas veces que tiramos de un carro donde con un esfuerzo enorme tiramos, donde las ruedas son como son y donde curiosamente, la carga que llevamos son unas estupendas ruedas redondas.
Valga también la historia para esta ocasión. En nuestro carro siempre llevamos alguna rueda cuadrada, por muchas razones: falta de visión, continuismo galopante, irreflexión,… pero también tenemos a mano ruedas redondas (supongo que unas Michelin que ahora están muy de moda) y las conocemos, y sabemos donde están y sabemos como cambiar las unas por las otras.
Nada fácil sería ahora inventar esas “ruedas”, no lo haré, eso sí, me serviré de uno de mis libros desde la niñez preferidos para recordármelas y recordároslas.
Os las resumo en siete ruedas:
1. Humildad (lat. Humilitas, -atis) f. Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.
2. Sentido común: modo de pensar y hacer como lo harían la generalidad de las personas.
3. Sensibilidad (lat. sensibilizas, -atis): 1. f. Facultad de sentir, propia de los seres animados. 2. f. Propensión natural del hombre a dejarse llevar de los afectos de compasión, humanidad y ternura.
4. Respeto (lat. Respectus): miramiento, consideración, deferencia.
5. Alegría (lat. alicer, alecris): persona que es causa de gozo o júbilo
6. Tesón (lat. Tensio, -onis): m. Decisión y perseverancia que se ponen en la ejecución de algo.
7. Integridad (lat. Integer, -gra): dicho de una persona recta, proba, intachable.
Estas ruedas a diferencia de las tradicionales son tan evidentemente buenas como difíciles de poner en nuestro carro. Al mismo tiempo son tan necesarias como urgentes, y tan importantes como lentas de colocar.
Lo cierto es que algunos de los grandes directivos que tengo y he tenido la suerte de conocer tienen en común muchas, en mayor o menor grado de estas cualidades. Sirve su ejemplo y nuestro sentido común para ponernos en marcha.
Para concluir, y no siendo quien para hacerlo mejor que la siguiente frase, aquí os dejo, espero que pensando, hasta la próxima…
Verba volant,
Scripta manet
Exempla traunt


