"La belleza es un acuerdo entre el contenido y la forma".
Ibsen. Dramaturgo noruego.

Difícil de definir, fácil de explicar, el protocolo como normativa, procedimiento social o incluso arte, es tan antiguo y tan dinámico como el hombre y la sociedad.

En septiembre de 2002 científicos de la Universidad Carnegie Mellon presentaron en un simposium sobre inteligencia artificial a GRACE (Graduate Robot Attending Conference), una robot con aptitudes sociales, programada para sonreír durante las conversaciones y preguntar las cosas cortésmente.
Enorme esfuerzo costó a sus creadores intentar enseñarle buenos modales y apenas auguraban cincuenta por ciento de éxito, porque no es reto fácil que la inteligencia de esta máquina autónoma le permita moverse entre las personas, reconocer la voz, los gestos y contestar preguntas con amabilidad.
Y es que el protocolo se puede aprender y también enseñar, pero al mismo tiempo requiere de un conocimiento humano y social, de una capacidad de adaptación y reflexión que difícilmente podremos trasladar de forma eficiente a un autómata como el citado GRACE.
El prestigioso profesor y experto en protocolo Señor Vilarrubias define al protocolo con dos palabras: es una ciencia y un arte. Una ciencia que trata temas referentes a la diplomacia, la historia, la heráldica, etc. y un arte que trata de conjugar la armonía, la estética, el estilo, etc.
La Real Academia Española en su DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA expresa que Protocolo proviene del latín protocollum y lo define como:

1. m. Serie ordenada de escrituras matrices y otros documentos que un notario o escribano autoriza y custodia con ciertas formalidades.
2. m. Acta o cuaderno de actas relativas a un acuerdo, conferencia o congreso diplomático.
3. m. Regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre.
4. m. Plan escrito y detallado de un experimento científico, un ensayo clínico o una actuación médica.

Aunque muchas de la reglas queden obsoletas o deban transformarse, la buena educación nunca pasa de moda. Ser educado no es una moda, es algo inherente a nuestra condición humana. Nos hace más libres y más tolerantes.
Por eso, aprender de protocolo ya no es para señores que huelen a naftalina o para señoras de relaciones públicas que brincan de fiesta en fiesta. El ceremonial tiene lugar cada día al subir a un automóvil, al iniciar una reunión de negocios, al hablar con un funcionario, al escribir el más democrático y cotidiano derecho de petición.

El protocolo y las buenas maneras no son un corsé, ni una carrera de obstáculos, son pura y simplemente, la mejor ayuda con la que podemos contar en el día a día de nuestra vida familiar, profesional y social, y por ello un inestimable recurso que nos aporta seguridad y confianza personal, en el más amplio abanico de situaciones en las que nos podamos hallar.